Actualmente, 245 ciudades del mundo, entre las cuales se encuentran París y Buenos Aires, han vuelto al control estatal del servicio del agua después de haber ensayado la privatización como forma de suministro a la población.
El acceso al agua es un derecho humano, quizás hasta más importante que el derecho a la alimentación, puesto que sin agua no se puede alcanzar a vivir tres días. Y, está demostrado que, la privatización incrementa considerablemente los cobros por el servicio y disminuye la atención a los usuarios.
